A la Celina no se la va a buscar por curiosidad.
Se llega cuando no queda otra.
Ante lo que no sana,
ante lo que no duerme,
ante lo que no encuentra nombre,
la gente va al monte.
Vive sola, dicen.
Pero todos parecen vivir ahí dentro.
No pregunta de dónde venís
ni qué hiciste.
Mira.
Escucha.
Prende el fuego.
Cura cuerpos cuando se puede
y almas cuando es necesario.
No promete milagros.
Advierte consecuencias.
La Celina no retiene a nadie.
Cada cual vuelve con lo que vino a buscar.
Por eso, cuando algo se desordena,
cuando lo sabido ya no alcanza,
el camino vuelve a ser el mismo:
el monte, el fuego
y la vieja que sabe.
El cuchillo no interpreta: señala.
La palabra confirma lo que el filo ya dijo.
La mesa de la Celina
La mesa de la Celina no predice.
Da dirección.
Tallada con cuatro palabras antiguas,
responde solo lo que puede ser sostenido.
Non — No
Etiam — Sí
Semper — Siempre
Nunquam — Nunca
Si preguntás, aceptá la respuesta.
Oráculo lunar
La mesa te respondió.
Ahora es la Luna quien habla.
No elijas con apuro.
Tocá una sola carta.
Eso alcanza.
Ahora habla la Luna.
Tocá una sola carta.
