Oráculo de la Celina

La Celina

No todo lo que arde se pierde.
No todo lo que duele es castigo.

Este no es un oráculo para saber qué va a pasar.
Es para mirar lo que ya está pasando.

La Celina no anuncia destinos
ni tuerce la voluntad de nadie.
El fuego no predice: muestra.

Cada cual carga lo que hizo
y aprende de lo que no supo cuidar.

La verdad cae como un rayo:
al roble lo quiebra,
al sauce lo dobla…
pero lo deja en pie.

Si buscás consuelo, seguí de largo.

Si estás dispuesto a ver,
acercate al fuego.

A la Celina no se la va a buscar por curiosidad.
Se llega cuando no queda otra.

Ante lo que no sana,
ante lo que no duerme,
ante lo que no encuentra nombre,
la gente va al monte.

Vive sola, dicen.
Pero todos parecen vivir ahí dentro.

No pregunta de dónde venís
ni qué hiciste.
Mira.
Escucha.
Prende el fuego.

Cura cuerpos cuando se puede
y almas cuando es necesario.
No promete milagros.
Advierte consecuencias.

La Celina no retiene a nadie.
Cada cual vuelve con lo que vino a buscar.

Por eso, cuando algo se desordena,
cuando lo sabido ya no alcanza,
el camino vuelve a ser el mismo:
el monte, el fuego
y la vieja que sabe.

El cuchillo no interpreta: señala.
La palabra confirma lo que el filo ya dijo.

Mesa del oráculo Cuchillo ritual

La mesa de la Celina

La mesa de la Celina no predice.
Da dirección.

Tallada con cuatro palabras antiguas,
responde solo lo que puede ser sostenido.

Non — No
Etiam — Sí

Semper — Siempre
Nunquam — Nunca

Si preguntás, aceptá la respuesta.

Oráculo lunar

La mesa te respondió.
Ahora es la Luna quien habla.
No elijas con apuro.
Tocá una sola carta.
Eso alcanza.

La mesa respondió.
Ahora habla la Luna.

Tocá una sola carta.

Scroll al inicio